31/7/08

Obama y McCain: Florida y Ohio

La liberalización comercial es una piedra angular dentro del esquema de integración de economías nacionales que se busca dentro de lo que se conoce como la globalización. No obstante, desde un tiempo para acá las negociaciones al seno de la Organización Mundial de Comercio (OMC) no han llegado a ningún lado y se encuentran estancadas en un tira y afloja ante sus resultados potenciales es decir, la liberalización comercial competitiva generará ganadores y perdedores.
Esta situación se refleja en la parálisis en las negociaciones debido a nuevos obstáculos por serias desavenencias entre países en desarrollo. Dos líneas de fractura se ensancharon peligrosamente en estas batallas de pobres contra pobres. La primera opone a países con economías fuertemente dependientes de sus exportaciones agrícolas –como Uruguay y Paraguay– a otros, encabezados por India, temerosos de que una oleada de importaciones destruya la agricultura familiar que da de comer a millones de personas.
El otro frente lo abrió el grupo África-Caribe-Pacífico (ACP), al amenazar con bloquear todas las negociaciones de la ronda de Doha de la OMC si la Unión Europea (UE) firma un acuerdo que recorta los aranceles a las importaciones de banano de procedencia latinoamericana. El otro tema que amenaza con hacer fracasar las negociaciones es el de la guerra del banano. En una medida para finalizar las diferencias, la Unión Europea y los exportadores de América Latina acordaron el domingo recortar el derecho de importación de la UE a 114 euros (179 dólares) la tonelada, en un plazo escalonado hasta 2016. Pero los países del grupo Africa-Caribe-Pacífico, cuyos bananos están exonerados de aranceles en Europa, consideran inaceptable ese acuerdo e hicieron una contrapropuesta, al pedir mayores plazos para adaptar su producción a la competencia.
Para mostrar su determinación, los países del bloque africano amenazaron con convertirse en los sepultureros de la ronda de Doha. “Bloquearemos la negociación si nuestra última contrapropuesta no es aceptada”, dijo el ministro camerunés de Comercio, Luc Magloire Mbarga Atangana.
En este contexto se puede entrever que al final de cuentas el desarrollo de algunos implica, forzosamente, el subdesarrollo de otros, tanto es así que las posturas reflejan el interés de cada uno de los grupos por ser de los ganadores. Aunado a esta lucha por ganar encontramos la postura de los países ricos que mantienen una serie de medidas proteccionistas que contradice muchas veces la letanía con la que promueven la liberalización comercial. Claro está para su beneficio.
El denominado Mecanismo de Salvaguardia Especial (MSE) permitiría a países en desarrollo aumentar los aranceles hasta en 15 puntos porcentuales en caso de aumento de 40 por ciento de las importaciones de determinado producto o de un súbito aumento de precios en sus mercados internos. Esto protege a los mercados donde se exportan este tipo de productos, primordialmente los países más ricos. Esto, cabe mencionar, deja en desventaja a los países productores de materias primas.
Existe, además, otro velo negro que ensucia y pone en evidencia la retórica de la OMC y de alejamiento de la realidad al argumentar que el fuerte encarecimiento actual de los alimentos se debe a un "desajuste" comercial mundial entre la oferta y la demanda de productos agrícolas y no al desbasto provocado por el uso de granos como bioenergéticos, las guerras y los desastres naturales, que si bien tienen relación con la oferta y demanda, también el encontrar su causa en estos factores.
El sueño del libre comercio se ve amenazado ante la revelación de los intereses de cada grupo de naciones es decir, la protección de su comercio y producción interna. Ante tal situación valdría la pena replantearse la idea de la competitividad comercial como catalizador del desarrollo globalizado.
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Milenio - Mexico/31/07/2008
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