6/11/08

SÍ. Obama

José Zepeda Varas*

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Ha triunfado la encarnación de la esperanza. La figura de Barack Obama personifica el mito americano: negro, de familia modesta que con esfuerzo personal asciende a la cima. La tierra prometida da nuevamente fruto. Esa visión idílica que comparten los estadounidenses ha sido el pegamento que ha unido las decepciones políticas, los reveses de la guerra, la crisis económica, el desencanto con el neoliberalismo.
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Escuche la entrevista a Frank Sánchez, asesor de Barack Obama para América Latina
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La globalización de la comunicación, por su parte, les ha obligado a los americanos a sentir lo que piensan los otros, es decir el resto del mundo, de ese país y su gobierno. La imagen que reciben no es agradable. Cuando no es la crítica es el simple rechazo. Duele no ser querido si uno se considera paladín de la libertad y la democracia. Esa percepción también ha contado a favor de Obama.
A la hora de esbozar un deseo generalizado Joseph Nye lo resume por nosotros: "Que Estados Unidos deje de exportar la rabia y el miedo".

Hace muchos meses atrás los holandeses se decantaron masivamente por el ahora presidente electo. Más del 70 por ciento espera que Obama restablezca tanto el multilateralismo como el respeto por el derecho internacional y sus instituciones.
No es curioso que ese mismo porcentaje ignore varias de las posiciones del demócrata. Por ejemplo, creen que Obama es adversario de la pena de muerte y no es cierto. A nadie debe sorprender este desconocimiento porque estos son tiempos en que prima la imagen por sobre el pensamiento, el carisma por encima de las ideas y la retórica por adelante del contenido. Sin embargo, Barack tiene reflexiones muy serias sobre los dilemas del mundo.

Es este resurgir de los ideales lo que también ha encantado, dicho literalmente, a sus votantes. Hay un especie de cansancio con el pragmatismo duro y puro, con la gestión del hoy sin pensar en el mañana, con la política como mera gestión. Obama recupera el futuro y las ilusiones. Su discurso de la victoria tiene la impronta de la confianza y de la magnitud de lo que se le viene encima, y lo ha dicho bien: "La esperanza no es un optimismo ciego, no ignoramos la enorme tarea que nos espera. Esperanza es algo que nos dice, a pesar de las pruebas de lo contrario, que nos augura mejores tiempos si tenemos el valor de trabajar y luchar para alcanzarlo"

Aunque sean unas pocas palabras para el derrotado John MacCain hay que dejar constancia de la altura de su discurso de despedida en el que habló con altura de un estadista y llamó a trabajar para poner en marcha al país. No hubo amargura en sus palabras y eso habla bien de él.

En América Latina reina la misma alegría y el mismo suspiro de alivio que en Europa. El actual presidente, George Bush, tuvo lo que los expertos llaman una "no política hacia la región". Su obsesión en contra del terrorismo lo llevó a desatender cualquier otra prioridad. Esta ausencia habría posibilitado, según algunos expertos, el ascenso de gobiernos progresistas de variada estirpe. No es cierto. Los latinoamericanos han conseguido una autonomía relativa gracias al apoyo de sus propios pueblos, a cierta estabilidad económica y al mantenimiento, a pesar de los pesares, del sistema democrático.

El asesor de Obama para América Latina, Frank Sánchez decía en una entrevista con Radio Nederland que las cosas tienen que cambiar con América Latina y que el gobierno de los Estados Unidos debe aprender a escuchar a sus aliados. Está por verse. Hasta ahora han sido escasas las políticas regionales coherentes por parte de Washington. Ha primado tradicionalmente el bilateralismo. Lo mejor de todo es que se ha llegado a relaciones moderadas sin grandes sobresaltos, excepción hecha de capítulos muy localizados en un par de países, como Venezuela y Bolivia.

Todo lo que haga bien Obama por América Latina será ganancia, pero no se debe esperar demasiado. El caso cubano podría experimentar un cambio favorable si ambas partes ponen lo suyo, pero no se cambia de la noche a la mañana una estrategia equivocada pero que lleva casi cinco décadas de práctica.

Serán las señales que provengan de La Habana y de la Casa Blanca las que indiquen el camino. En cualquier caso el extenso territorio que comienza en El Paso hacia el sur posee riquezas alimentarías, energéticas y de biodiversidad que toda potencia, sea estadounidense, europea o asiática no puede ignorar en su planificación geopolítica.
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*José Zepeda Varas es Director del Departamento de Español de Radio Nederland
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Radio Nederland - Holanda/06/11/2008

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